Número 1994 - Año VIII - Lunes 21 de Mayo de 2012
   
 
 
Opinión
 
Los sabios y los sabios enfermos

19/04/2009. Ramón Reig (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla) ramonreig@us.es

RAMÓN REIGNo hay que preocuparse tanto. La masa no merece votar, si vota es porque los putrefactos se han dado cuenta de que sus miembros son perfectos tontos útiles. Si la masa pasara a ser ciudadana entonces la democracia tendría sentido pero esto va contra natura porque la masa es necesaria e inevitable en nuestra especie. La democracia mejor es la de los sabios, como dijeron Platón o Aristóteles, pero es que los sabios también se corrompen porque en realidad no hay sabios, los seres humanos no pueden ser sabios y si existiera algún sabio no estaría mandando o gobernando sino en su casa, olvidado por todos, ya se encargarían los putrefactos, los mediocres políticos y los medios de comunicación masivos de que no lo conociera nadie. Voy a tratar un poco más sobre el sabio y la sociedad aunque para ello me repita de nuevo en alguna idea para, después, ampliarla y completarla.

El gobierno del mundo es de una minoría pero no de sabios sino de tarados, de putrefactos, de enfermos mentales que colocan por delante de la vida el trabajo y el dinero, como fin, no como medio. Los pseudosabios enfermos, es decir, los listos, ellos son los dueños del mundo Su enfermedad ha ido agravándose con los siglos. Como tienen que aplacar a su Dios no saben qué hacer para que no los castigue y como por medio del trabajo consideran que se dignifican, sitúan por delante de un amanecer o de una obra de arte un tornillo o un bit.

Todo esto estaría muy bien si el tornillo y el bit no se hubieran hecho dueños de sus vidas y no hubieran excluido un amanecer o una obra de arte. Tanto, que han matado en nombre de su Dios, de su tornillo y de su bit y quien no piense como ellos debe ser destruido. Un amanecer o una obra de arte son dos elementos para la compra-venta, no dos prodigios de la naturaleza y de la sensibilidad humana. Como buenos necios, los listos o sabios enfermos confunden valor y precio. No se mueven como no sea porque van a ganar dinero, es decir, son como los delfines de los zoológicos: no hacen el número si no les das un pescado muerto a cambio, como premio a una exhibición.

Toda su vida son niños: para ejercer buen comportamiento tienen que recibir un regalo a cambio, no contemplan la posibilidad de la madurez, consistente en portarte bien porque sencillamente es reconfortante y positivo para tu especie y tu medio ambiente y en tomar decisiones o en saber por el mero hecho de experimentar placer intelectual o sensitivo. Creo que a esto lo llamaba Aristóteles la buena vida. Y lo malo del asunto es que no poseen compostura a pesar del “regalo”. Su trabajo, su preciosa iniciativa privada, ha traído muchos parabienes al mundo pero en el balance final nos encontramos con una labor insolidaria y yoísta, para provecho propio, sobre todo: he aquí por qué no son sabios.

El sabio gobierna y manda pensando en los demás; para sí es la satisfacción de que las cosas salgan bien. Se parecen a esos responsables de la redistribución en ciertas tribus actuales. Como escribió el antropólogo estadounidense Marvin Harris, salen de caza a buscar alimentos para toda la tribu, consiguen lo que buscan, regresan a la tribu y lo entregan a los demás pero no admiten alabanzas por ello, hasta se enfadan si los alabas. Su premio es su deber cumplido. Mientras, en la tribu, otros elaboran atractivas cerámicas pero no las venden, no comercian con ellas; son para almacenar cosechas, por ejemplo. Otros cuidan de la tierra o de la prole, nadie es ocioso. No creo en la leyenda del buen salvaje, toda cultura debe pasar por la prueba de fuego del Mercado para saber si es real y sustancialmente distinta pero, sí, a veces hay que mirar hacia otras latitudes culturales para aprender a conocernos y tratar de entender qué nos pasa.

Igual que el ciudadano muta en chusma o masa cuando renuncia a sus obligaciones, el noble o el burgués pasaron a ser elementos putrefactos cuando se dejaron gobernar por sus emociones y por sus hallazgos, se unieron, mezclaron su sangre, y desearon imponerlo todo a los demás como verdades absolutas. Formaron un ser que se ha ido pudriendo con los siglos. Entonces, como todo ser podrido, debe ser arrojado a la basura.

El problema que tenemos los seres humanos es que, potencialmente, todos somos putrefactos, por eso todo está mal pero, al mismo tiempo, todo está bien así, aunque ello no implica dejar de actuar para intentar caminar más recto. Es peor aún quedarse quieto y morir en vida, vegetando, consumiendo, añorando. No hay más huevos que seguir adelante, nuestro reto es hallar un estado donde la putrefacción real y potencial vaya desapareciendo, un estado en el que ya no actuemos por un pescado muerto sino por la satisfacción de ser. Seguir adelante o, claro, morir, no darle el gusto a la muerte de matarnos, sino ejercer ese gusto nosotros mismos. Más vale morir de pie que vivir de rodillas, como dijo Dolores Ibárruri, “Pasionaria”. Que le den morcilla a todo, nos asesinamos por odio y en paz. DIARIO Bahía de Cádiz

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