Número 2526 - Año X - Miércoles 26 de Abril de 2017
   
 
 
Opinión
 
Moscú, 007 y yo

23/06/2014. M.A. Marcos Fernández (escritor)

MARCOS FERNÁNDEZMoscú es una ciudad que tiene una impresionante oferta cultural. Si a la enorme cantidad de museos, galerías artísticas, conciertos y obras de teatro se le añade el gran número de bares de copas y discotecas para el ocio nocturno que hay, resulta imposible aburrirse en esta ciudad. Ayer, día 17 de junio, tuve ocasión de visitar una exposición interesante, dedicada al medio siglo que cumple el agente secreto con licencia para matar, James Bond 007, en el cine, y que se prolongará, por si alguno de ustedes se deja caer por aquí y quiere verla, hasta el 7 de septiembre en el Museo de Arte Multimedia (MMAM).

En realidad, son las películas producidas por EON Productions Limited –compañía que mantiene los derechos de la serie- las que han cumplido esos 50 años (en 2012). Mucho antes de que se estrenara Agente 007 contra el Dr. No (Dr. No, 1962), ya se había realizado una primera traslación de las aventuras de Bond a la pequeña pantalla, concretamente una primera versión de la novela Casino Royale como un episodio de la serie de televisión Climax!, en la que 007 era interpretado por Barry Nelson y el personaje de Le Chiffre lo incorporaba nada menos que Peter Lorre, inquietante como siempre que hacía de malo; y, además, se da la circunstancia de que en ese telefilme James Bond era norteamericano y agente de la CIA, mientras que Felix Leiter era su contrapartida británica. Un curioso cambio de roles.

Por mi parte, varios lectores se han fijado ya en el gusto por los detalles de que hago gala –hasta rozar el sadismo, dicen- en la descripción de los actos violentos que suceden entre las páginas de mi novela Fenia, que acaba de publicar Editorial Dalya. Debo confesar que ese puntillismo haciendo constar los pormenores del armamento y de otras circunstancias que rodean a los mafiosos de mi novela se la debo ni más ni menos que a Ian Fleming, el autor que dio vida a James Bond. He leído todas las novelas de Fleming traducidas al castellano, unas pocas en inglés original y alguna de ellas, incluso, en ruso. Sus ficciones despliegan un sentido de la aventura y del suspense que no han conseguido mantener sus múltiples imitadores posteriores. Fleming es un buen escritor y emplea un amplio léxico, prueba de que era un hombre, a su vez, de amplias lecturas. Dicho léxico, y el uso de los phrasal verbs, lo pueden volver difícil para alguien que esté aprendiendo el idioma inglés, desde luego. En cuanto a ese puntillismo en los detalles de la acción, al que hacía referencia antes, seguramente él los debiera a sus años ejerciendo la labor de periodista. De hecho, Fleming estuvo destinado como corresponsal en Moscú durante los años treinta, informando sobre un proceso judicial que se llevaba a cabo aquí contra unos ingenieros británicos acusados de espionaje.

Pero yo les quería hablar de la exposición que sobre las películas de James Bond se celebra en la capital rusa. Como hemos dicho, al tratarse de los filmes de EON, nada podrá verse aquí de la segunda versión de Casino Royale, aquella disparatada comedia en la que participaban Peters Sellers, David Niven y Orson Welles, entre otros muchos actores; ni tampoco habrá de encontrarse nada sobre Nunca Digas Nunca Jamás (Never Say Never Again, 1983), aquel film de Irving Kershner en el que Sean Connery volvió a encasquetarse el peluquín de 007 y que constituía un nuevo tratamiento –o remake- de Operación Trueno (Thunderball, 1965). En fin, pagamos los 400 rublos que cuesta la entrada –y que los vale- y nos sumergimos en las maravillas del universo Bond.

A la izquierda vemos un fotomatón en el que, por unas monedas, puedes sacarte una foto enmarcada en el célebre gunbarrel que aparece al comienzo de los filmes de Bond, y que junto al logotipo de la pistola en el número 007, constituye una de las marcas de la casa. La música de las bandas sonoras, incluyendo el popular tema de Bond orquestado por John Barry y Monty Norman, contribuye a que el visitante se meta en el ambiente, así como sketches seleccionados de los filmes que pueden verse en una interminable serie de pantallas digitales de última generación. Los personajes dialogan en inglés mientras que vemos los subtítulos correspondientes en ruso. Hay una bien surtida colección de cacharros –léase gadgets- procedentes de cada una de las películas del agente secreto. Pueden verse story boards por todas partes. Faltan, desde luego, los tebeos; es decir, las versiones en cómic de las películas, quizá porque Rusia no es un país en el que, tradicionalmente, hayan despertado mucho interés –durante la época soviética, se consideraba más bien que constituían una manifestación perniciosa del capitalismo-. Así, podemos ver desde el bikini que llevaba Ursula Andrés en Doctor No hasta el que lucía Halle Berry en las playas de Cádiz (¡ole!); el maletín que ocultaba un cuchillo y un gas tóxico empleado por Bond en Desde Rusia con Amor, y que le servía para librarse de un peligroso psicópata, Red Grant, al que Spectra le había encargado su asesinato; los zapatos que ocultaban en las suelas unos estiletes cargados de veneno, con los que la ex coronel del KGB y agente de Spectra Rosa Klebb, interpretada por Lotte Lenya, intentaba inútilmente acabar con Bond en el mismo filme; las cartas del tarot con las que Solitaire adivinaba el futuro en Vive y Deja Morir; la pistola desmontable que el asesino Scaramanga -interpretado por Christopher Lee- empleaba en El Hombre de la Pistola de Oro; el smoking que llevaba Auric Goldfinger en la escena en la que estaba a punto de partir a Bond por la mitad con un rayo láser… y así sucesivamente. Algunos no son los objetos originales, sino cuidadas reproducciones, lo que desde luego se anuncia oportunamente en los rótulos informativos de la exposición, que ya había sido vista en Londres hace dos años por la directora del MMAM, Olga Sviblova, y que había querido llevarla a Moscú como culminación del año cultural recíproco de Rusia y Gran Bretaña (1).

En otro punto del museo podemos apreciar una pequeña muestra de los pósteres publicitarios de las películas de la serie, la mayoría de los cuales son, sin duda, obras de arte. Atravesando un pasillo circular que nos recuerda otra vez el gunbarrel que da comienzo a la secuencia anterior a los créditos de cada filme de Bond, entramos en una sala que alberga distintos objetos de oro empleados en la serie. Un gran panel muestra algunas escenas de Goldfinger, y sobre una cama giratoria yace una mujer cubierta de pintura de oro, exactamente como sucedía en aquel largometraje. Luego pasamos a otra sala en la que podemos ver una reproducción de la oficina en la que incontables veces Bond se ha encontrado con la señorita Moneypenny, al comienzo de cada entrega fílmica; nuevas pantallas nos recuerdan las distintas veces en las que ha sucedido así. En una esquina, un panel informativo nos resume la vida y milagros de Ian Fleming –en ruso, obviamente-, haciendo hincapié en el hecho de que, durante la Segunda Guerra Mundial –o Gran Guerra Patriótica, como la llaman aquí-, el autor británico trabajase para el departamento de inteligencia naval de su país, interviniendo en diversas operaciones secretas, como la que se denominó Goldeneye –según el panel, Золотой Глаз-, que se desarrolló en España y que tenía como objetivo obstaculizar la alianza de Franco con los nazis (2). Junto a este panel biográfico hay una colección de ejemplares de las primeras ediciones de las novelas de Bond, y una máquina de escribir Royal dorada, con la que Fleming comenzara a teclear Casino Royale, la primera aventura de la serie. Para que no falte de nada, una grabación interminable reproduce el sonido de las teclas de la máquina, al ser golpeadas, y el del carro de avance de renglón; un sonido que, de hecho, quizá no hayan escuchado nunca los visitantes más jóvenes de la exposición, en esta Era de Internet. Por un momento, casi divisamos al fantasma –o mejor dicho, espectro- de Ian Fleming redactando sus ficciones en esa máquina. Y es que la exposición Дизайн 007: стилю Бонда 50 лет no es sólo un repaso a una leyenda cinematográfica, sino que deviene un regreso a nuestro pasado histórico reciente.

Por último, el visitante puede ver una exposición de relojes Omega conmemorando ese medio siglo de existencia de 007. Si quieren verla y gastarse 300.000 rublos en algunos de los modelos que se exponen, pueden hacerlo. Sumergirse en la historia de la saga Bond no tiene precio. Y para todo lo demás, Master Card.



Post Scriptum: Si les apetece ver otras fotos de la exposición, dense una vuelta por mi página facebook y pongan “me gusta”: https://www.facebook.com/marco.antonio.marcos/media_set?set=a.10152532476320854.1073741829.795150853&type=3
 
(1) Fuente: РИА Новости (10/06/2014). Выставка "Дизайн 007: 50 лет стилю Джеймса Бонда" открывается в Москве. En: http://ria.ru/culture/20140610/1011539865.html (página web consultada el día 18 de junio de 2014).
(2) Fuente: El País/Juan Carlos Gumucio (07/02/200). Operación ‘Goldeneye’ en España. En: http://elpais.com/diario/2000/02/07/ultima/949878001_850215.html (página web consultada el 17 de junio de 2014). 
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