Día 18. ¿Quién soy? Confuso. Desorientado. ¿Avergonzado? Agobiado. Perdido, no me encuentro en mi propia habitación. Debería ordenar un poco este desorden. O hibernar, debajo de la cama. Cómo me pone dramatizar... Y me duele la barriga. Algún pinchito o gamba a la plancha me habrá sentado mal, eso es mamá.
Hoy de banda sonora: ‘Inquieto’, de Jaime sin tierra
Día 17. Ajogaílla de fresa y nata No sé qué tipo de imán tienen las devaluadas noches de Barbacoas del Trofeo que siempre acabamos tropezando con la misma piedra. Batacazo. Al menos, con el paso de los veranos, vamos recortando los bártulos, y ya sólo bajamos a la playa con el kit básico de supervivencia: toallas, botellas, vasos de sobra, hielos, bolsas de patatas, y una guitarra. Donde no hay rebajas ni descuentos es en el moraso resultante y en el mal cuerpo de horas después. Algún pinchito o gamba a la plancha acaba sentando mal, eso es mamá. Durante la madrugada volví a toparme con los caretos de la Chari y del Pablete. Entre ellos se evitaban mutuamente, y yo, cobarde y autista, eludía al tiempo sus inciertas miradas, y me centraba en descentrarme, con un trago, otro, otro y otra calada, hasta que en algún momento todo empezó a dar vueltas y vueltas y vueltas. Cuando mi mundo no es estable, y huelo cerca la mar, voy de cabeza al agua. Me lo piden a gritos los genes. Un baño bajo las estrellas –pese a los putos focos de la alcalda y las riadas de meados que se suceden a esas horas en la orilla- es una refrescante gozada… cierras los ojos, te haces el muerto –si no lo estás ya-, te dejas flotar sin rumbo…, todo me da vueltas y vueltas y vueltas… una ola, abro los ojos, y una fuerza incontrolable me fusiona con la Chari que nada sobre mi y nos comemos la boca como caníbales,… vuelve la oscuridad, la paz… otra ola, abro los ojos y mi boca ya no es mi boca: tengo al Pablo a cero centímetros de mi rostro, en aguatapá… como una ola…
Hoy de banda sonora: ‘Marcas invisibles’ (acústico), de Interama
–el tema empieza en el punto 1 min 25 s-
Día 16. Mentira mentirosa Sí, Pablete, el mismo que conocí cuando ni me conocía, en la guardería, entre plastilina, siestas y mocos, es maricón. ¿Y…? Y no sé si sentirme mal o peor por que me haya revelado sus verdaderos gustos, que lleva escondiendo, haciéndose el muy macho con camisetas sin manga, desde que tiene gafas, dice. Puede sonar egoísta, pero ¿por qué me lo cuenta, a mí? Me jode saber que mi amigo, el mismo con quien compartía plastidecores y otras guarradas en parvulitos y con el que comencé a aprender que además del yo existe el tú, no es quien tengo archivado en la cabeza que es. Todo es una mentira mentirosa. Reconozco que hoy día es una gran putada que no te pongan las tías, una gran putada, porque esta sociedad pogre, amariconada e hipócrita da mucho porculo; por mucho producto ‘gay’ que te venda –porque lo único que le interesa es vender, de hecho la misma palabrita ‘gay’ es puro marketing- no acepta lo que no entiende, lo envidia en silencio, y le da miedo, y siempre te mirarán como bicho raro. Y en el trasfondo no hay nada más que mero instinto de supervivencia de la humanidad: peras con peras y manzanas con manzanas, y adiós a la macedonia, adiós peritas, adiós manzanitas… Me jode que me haga cómplice de su otro yo, el que lleva reprimiendo desde que usa lentes. ¿Qué cara pongo? Pero lo que ya me mata, lo que realmente me remata del todo, es que salte, y me reconozca que, desde que le diagnosticaron la miopía, le gusta un chico.
Hoy de banda sonora: ‘Salta’ (en vivo), de Amaral
Día 15. Me termina dando repelús Llevo horas mirándome en el espejo del cuarto de baño. Intento poner la misma cara que debí poner ayer. Un careto que no sé cómo repetir ni cómo definir, y que por supuesto no tiene todavía emoticono en el messenger. No me explico cómo podemos ir por la vida tan ciegos. O lo que es peor, con los ojos cerrados. Tener dos, y no abrirlos, debe ser pecado. Mirar y no ver… y te comes la farola… Si uno mismo muchas veces ni se conoce ni reconoce, cómo indagar dentro de los demás. No de todos, claro. De algunos. De los que por algún u otro motivo más allá de los biológicos, aún por estudiar, importan. Me importan. Desde que soy consciente de mi consciencia –e inconsciencia- he soñado muchos domingos con meterme espiritualmente en el cuerpo de la gente, durante unos minutos, dos o tres serían suficientes, y descubrir la mente ajena, sus pensamientos, lo que dice y lo que calla. Es un gracia que no poseo y que siempre que la imagino, me termina dando repelús… ¿Y si se acaban colando en mi coco? Llevo horas mirándome en el espejo del cuarto de baño... Tengo que afeitarme.
Hoy de banda sonora: ‘Soy vos’, de Árbol
Día 14. Por si acaso En el mismo sitio y a la misma hora, menos diez. Y Pablete ya estaba ahí sentado, con tres vasos de cerveza en la mesa, sin cerveza. El camino se tuerce. Zigzag.
-¿Llevas esperando mucho tiempo?
-No… bueno sí, años. Desde que tengo gafas. Demasiados.
-¿Cómo dices? Después soy yo el profundo… ¿Te pido otra cerveza? Yo invito…
-¿Tú pagas? Oye…, mírame: tú has follao.
-Pero ¿de qué hablas, flipao?
-Sí, no me engañas… se te nota en los ojitos. Además, repeinado y todo. Y ya cuando te has ofrecido a pagar… Has mojao, fijo.
-Que no, que me dejes…
-Y encima con mi nov… con la Chari…. ¿a que sí? Qué cabrón… No, si me da igual, ya no es mi novia… ¿Ves? Has hablado con ella. Te lo ha contado todo. Te ha enseñado una teta. Y te la has follao.
-Que noooo Pablete, créeme. Que no me la he follao. Que… me ha follao ella a mi… ¡qué mujer…, qué hambre! Parece que lleva años sin probar bocado…
-…
-…
-Te contaría una cosa si supiera que no me vas a hostiar
-Tú, por si acaso, quítate las gafas.
Hoy de banda sonora: ‘Ich Liebe Dich’, de El robot bajo el agua
Día 13. Llegar tarde Hay ocasiones en las que lo mejor es llegar dos horas tarde a la cita. Que la persona con la que has quedado, a las ocho, se aburra de esperar, te llame de todo y más entre dientes, y se vaya por donde ha venido, odiándote hasta el martes. Si no hay curvas, todo sigue recto. Miré el reloj y eran las ocho menos cinco, y ya estaba sentado, con mi primera cerveza, esperando a la Chari. Presagiando curvas cerradas. Un rato después apareció, con sonrisa intrigante, y pechugona. Digo, besucona.
-¿Llevas esperando mucho tiempo?
-No, un ratito… tres cervezas exactamente…
-¿Has visto a Pablo?
-No.
-Yo sí.
-Chochete, es tu novio…
-De eso te quería hablar. Ya no. Ya no es mi novio. Hemos cortado. Lo he dejado. Después de lo que pasó el otro día en la playa… es lo mejor.
-¿Qué pasó?
-No te hagas el tonto, pichón ¿No te acuerdas?
-Sí claro… vagamente.
Abrió el bolso, husmeó y sacó, igualito que un mago con la chistera y el conejo, mis calzoncillos, los coloraos.
-Me besaste. Y sin esto. Que estaban en el cajón de tu amigo.
-Que ¿qué…?
-Bueno… nos besamos… te besé. Y… No sé, desde hace horas no te puedo quitar de la cabeza. Y después de lo que montamos la otra noche sobre la arena, además de en mi cabeza… Te necesito en mi… cama, ya.
-… cama… ¿cama? ¿Cómo?, estás de coña ¿no?
-Quien dice cama, dice… encima de la mesa de la cocina, en el twingo, en el ascensor. Me da igual.
-¿Y Pablo? ¿Y el luto?
-¿Ese? Bah… nunca me gustó. Lleva gafas. ¡¡Hasta en la cama!! Tú si me pones. Mucho. ¿Porque tú sí me quieres, no? Si me quieres follar, digo. Porque el otro…Te gustan mis tetas y mi culo, que lo sé…
-… es que… tengo que madrugar.
-¿En tu cama o en la mía?
Hay ocasiones en las que lo mejor es llegar tarde. Ella te lo agradecerá.
Hoy de banda sonora: ‘No me importa morir’, de El otro yo
Día 12. Mi ducha, tu ducha, su ducha Una buena ducha aclara la espuma del champú de la cabeza, pero no hace nada con las ideas. Se mantienen igual de embarulladas. Pese a todo, no me resisto al efecto placebo de estar bajo el agua, notando cómo los chorros resbalan por mi pelo, mi boca, mis hombros, mi ombligo… y termina uno en estado de atontamiento total… hasta que entra el tarado de ‘Psicosis’ y te mete catorce puñalás a traición mientras resuena esa música estridente. O entra tu madre. Eso sí que es cortarte el punto… Por si acaso siempre echo el pestillo de la puerta, aunque no haya nadie en casa. Así estaba yo hace un rato, debajo de la alcachofa de la ducha, ajeno a futuras sequías, dándole vueltas al coco por las dos llamadas que recibí ayer. Una, la de la Chari. Otra, la del Pablete. Una detrás de otra, como si se hubieran puesto de acuerdo, sin ponerse de acuerdo. Como todos los novios. Ambos quieren contarme algo, sin que la otra parte de la pareja se entere. Ilusos. ¿No se dan cuenta de que luego lo voy a vomitar todo por aquí?... Jo, me acabo de dar miedo: ¿mi agosto es tan anodino que tengo que narrar lo que le pasa a los demás?, o ¿son los demás los que juegan a que reescriba sus vidas colándose en mi aburrimiento con confesiones y secretitos? Tengo la picha hecha un lío. Ya estoy sudando. ¿Otra ducha…?
Hoy de banda sonora: ‘Marmota’, de Jaime sin tierra
Día 11. Viajeros al tren Esperaba el tren esta tarde y me ha sonado el teléfono móvil. Habitualmente, cuando no estoy –y cuando espero trenes que llegan y salen, no suelo estar- lo apago, bien apagado. Pero estaba encendido, ha sonado y no lo he cogido. Desde pequeño, una de mis obsesiones han sido los trenes. Me llegaron a regalar uno, a cuerda, de esos que dan vueltas y vueltas y vueltas, y me pareció tan poca cosa, tan absurdamente cíclico, que a la tercera vuelta sinsentido, forcé el mecanismo, lo jodí, lloré un poco para cubrir el expediente y encontrar el consuelo de mi madre, y seguí con mi vida. Nada de trenes a escala. Los trenes son trenes a tamaño real. Eso lo descubrí en la adolescencia. Para aislarme del mundo de los demás –de mi mundo es más complicado-, me colaba en la estación y me sentaba en algún banco estratégico a contemplar el trasiego de trenes. O eso creía, porque tras muchas tardes comiéndome un bollicao entre andenes, y avisos por megafonía de salidas, llegadas y retrasos, mi mirada dejó de perseguir vagones y máquinas, y empezó a fijarse en los pasajeros que subían y bajaban. Principalmente los que arrastraban pesadas maletas. Mi atención eludía a los repetitivos usuarios de cercanías, y pocas veces me entretenía con los que viajaban en regionales. Los que merecían la pena eran los de largas distancias. Las escenas de efusivos reencuentros y despedidas lacrimógenas, en vivo y en directo, eran ingredientes para la cacerola de mi cabeza, que recogiendo gestos, miradas, besos, los trituraba bien, y se componía sus propias películas, con retazos de vidas ajenas. Creo que me excitaba, pero no sexualmente… sólo un poco. La cuestión es que esta tarde he empezado a caminar y he terminado entrando en la estación, que ya no es la misma de mis tiempos mozos. Nada es igual, ni los trenes, ni los protagonistas de mis pelis mentales. Me he sentado en un frío banco, ha sonado el insolente móvil, y después de treinta y tres timbrazos, he pulsado el botón verde. Otra vez he perdido mi tren.
Hoy de banda sonora: ‘Acomodador’, de El robot bajo el agua
Día 10. Pónele onda Hoy ha sido una jornada resacosa. Cuando me he vuelto a levantar, sobre las once de la noche, me he comido una pera. He revisado el correo electrónico y me he topado con uno de esos email-cadena que tiro a la papelera al instante, junto al hueso de la pera. Hoy no. Lo remite la Chari a todos sus contactos, y el encabezado explica: “esto es lo que se supone que debes hacer: pónele onda y no arruines la diversión. Copia. Cambia todas las respuestas por tus propias respuestas, y reenvíalo; la teoría dice que aprenderás muchas cosas sobre tus amigos y ellos sobre ti. Es fácil y entretenido”. La práctica me dice que es una pamplina mu gorda. Pero… sí ayer perdí mis calzoncillos, los coloraos, porqué no perder ahora un poco de tiempo y dignidad. ¿Bajo a bailar con Bisbal o respondo este absurdo cuestionario de demasiadas preguntas? -¿Por qué te pusieron tu nombre? Yo más bien preguntaría porqué me pusieron aquí. Nadie me consultó. -¿Le pides deseos a las estrellas? Ya no. -¿Pan con qué? ¿Y esto a qué viene? Pan con… mortadela. -¿Te gustan los animales? Claro, todos. Menos los verdes, los que dan asco, babean, andan a cuatro patas, muerden, mean, cagan, y no dan los buenosdías cuando te ven. -¿Cuántos hijos tienes? Aún soy hijo. -¿Si fueras otra persona serías tu amigo? Emmmm… los amigos ni se buscan ni se eligen ni se compran, simplemente surgen. Algo así como por generación espontánea. -¿Tienes un diario de vida? Sí, morirme, no te jode. No sé qué coño quiere decir esta pregunta. Paso palabra. -¿Eres sarcástico? No, no creo en dioses. -¿Harías puenting? Sin cuerda… -¿Cuál es tu cereal preferido? No hago esas cosas. No soy un pervertido. -¿Te desabrochas los zapatos antes de sacarlos? Pues supongo que sí. Aunque a veces duermo con ellos. Ofú. -¿Crees que eres fuerte? Tanto como He-Man. Yo tuve un muñeco de esos de enano, que daba cosquis. Se rompió la cadera. -¿Tu helado preferido? Mientras esté frío y no sea azul ni verde… -¿Rojo o Rosado? Manteca colorá y Paco Rosado. -¿Qué es lo que menos te gusta de ti? Nunca lo he pensado… ¿qué no soy calvo? Vamos, lo que tengo en la cabeza… -¿A quién extrañas mucho? A don Pimpón. -¿Te gustaría que todos te respondan? No espero que nadie me responda… pero no soporto que la gente me ignore… -¿Qué color de pantalones y zapatos tienes puestos? No llevo… dejémoslo ahí. -¿Lo último que comiste hoy? Una pera. -¿Qué estás escuchando en este momento? Nada. Me escucho a mi mismo, mi cabeza soltando chorradas. Nunca se calla. -¿La última persona con quién hablaste por teléfono? Ni idea. Yo las cosas las hablo a la cara, o a las espaldas, como debe ser. O me las callo, como casi siempre. -¿Trago favorito? El agua del mar. Pero un buchito ná más. -¿Deporte favorito para ver por televisión? No veo la tele, y menos tenis o fórmula uno. -¿Comida favorita? Desde que lo probé, el salmorejo. Hace ocho años que no lo como, desde que lo probé. -¿Final triste o final feliz? Triste, siempre triste, como la vida. -¿Tienes mascotas? Si la tuviera, la tiraría por el balcón. Soy mucho de arrojar las cosas por el balcón. -¿Día favorito del año? Está por llegar... -¿Besos o abrazos? Abrazos teletubbies. Bien fuerte, alguno tiene que terminar por fuerza en beso, o guantazo. -¿Eres una persona alegre? ¿Soy una persona? -¿Color favorito? Verde, que te quiero verde. -¿Qué viste anoche en la tele? ¡Qué no veo la tele! Desde que quitaron ‘Médico de Familia’, ni me asomo. -¿Rolling Stones o los Beatles? Ni uno ni otro. Aunque el ‘Yesterday’ tiene su punto. -¿Dónde es lo más lejos que has estado de tu casa? ¿Cortadura? Con la mente he estado lejos, muy lejos. Pocas veces estoy en mi casa. -¿La última vez que tuviste sexo? Ayer. Creo… una orgía… -Época en la que te gustaría vivir. 1898. Con los de la Generación del 98. Encajaría bien. -Un libro. ¿Uno? Hay muchos. Para no ser original: ‘El Principito’, de Antoine de Saint-Exupéry. Básico para ser. -Un programa de televisión. Y dale… -Un dibujo animado. Nunca he sido de dibujitos… ¿Dragones y Mazmorras?... tu el bárbaro, tu el arquero, acróbata, magos y el caballero… o Mofli… Me voy a poner tierno, verás… -Una película. ¿Una? ‘Nadar solo’ de Ezequiel Acuña. La primera que se me viene a la cabeza. Una peli en la que no pasa nada, pero pasa todo. -Una actriz y un actor. Cecilia Roth. Y actor, alguno habrá, pero no me sé el nombre… Sebastian Urzendowsky. Gracias google. -Una flor. De plástico, la que quieras. -Una fruta. Melocotones en almíbar. -¿Tienes algún piercing o tatuaje? En la punta del… ejem. No. -Un lugar de vacaciones. Cádiz. Qué remedio. -Un país. España no. -Alguien a quien admiras. A don Miguel de Unamuno. -Una revista. El superpop… vaya tela. -Lo más lindo de la vida. Una charla con un amigo, sin reloj, sin móviles. -Un buen recuerdo. Alguno que otro hay. Me lo reservo. -¿Qué te hace llorar? Cosas como la muerte de Belén Rueda en ‘Los Serranos’. Qué dramón de capítulo. Lo ví por casualidad. ¡¡Qué no veo la tele…!! -¿Qué te hace reír? Una buena ocurrencia. -¿Qué no perdonarías nunca? Ni perdono ni dejo de perdonar. No tengo ese don. Allá cada cual con su conciencia. La puta conciencia. -Un miedo. Morir. Aunque… me da más pánico la muerte de los demás. -Una frustración. Vivir. -Marca de ropa. Por mi, iría en bolas por la vida. Hasta la playa. Allí me pongo el bañador, que si no multan. -¿Eres feliz? No. -¿Te emborrachaste alguna vez? Alguna vez estoy sobrio. -¿Los amigos son para siempre? Qué pregunta más moñas… A ratos pienso que sí. A ratos sé que no. -¿Hay alguien enamorado de ti? Ojalá que no. No sabría cómo responder. Supongo que le tiraría por el balcón. -¿El día o la noche? La madrugada, siempre que no tenga que madrugar.
Hoy de banda sonora: ‘Fecha caducada’, de Los piratas
Día 9. La capucha de mi sudadera amarilla Me he despertado hoy en medio de la playa. Sobre las nueve o diez de la mañana, el sol ha empezado a taladrarme el cerebro, y me ha despertado, en medio de la playa. Un poco muy confuso, me he incorporado, me he quitado la capucha de mi sudadera amarilla, me he encendido un cigarro, y he comenzado a hacer memoria: ¿qué coño pasó ayer para que haya amanecido aquí, rodeado de madrugadores bañistas que me miran raro? A ver, a ver… recuerdo que bajé con unos medioconocidos a la playa, a lo de los conciertos por la cara. Creo que a ninguno nos interesaba lo más mínimo la música de los triunfitos –si eso es triunfar, prefiero seguir siendo un perdedor-, pero ahí estábamos, en la fría alfombra de arena, adorando unas botellas de ron y algún artesanal canuto, charlando de esto y de lo otro, con los gorgoritos de fondo. Terminó la música, huyó la masa, comenzó a hacer fresquete, apagaron los focos, y ahí estábamos nosotros, en calzoncillos y bragas, haciendo el cafre en el agua. Las cosas del barcardí. Luego seguimos haciendo el tonto en la arena, sin ropa y sin vergüenza, buscamos un ángulo muerto para evitar a los dos o tres mirones del paseo marítimo y… noooo, ya me voy acordando… (mamá, sáltate las próximas líneas). Los jueguecitos dieron paso a los toqueteos casuales, y de ahí a la orgía, del tirón… Pero, no puede ser, ¿qué hemos hecho? La Eva, la Sandra, la Chari… y, noooo ¡el Pablete, el Julián y el Selu!... ¡nooooo! Me volví a poner la capucha de la sudadera amarilla. Me volví a tumbar boca abajo, pese a la erección, a comer arena, a seguir soñando. Hasta que una cuadrilla de la limpieza me ha sacado de mi mismo. Y ahí estaba yo, legañoso, en medio de la playa, bajo la mirada escrutadora de bañistas sin vida que parecen querer meterse en la mía. ¿Qué coño pasó ayer para que haya amanecido aquí y así? Me he incorporado, me he quitado la capucha de mi sudadera amarilla, me he encendido un cigarro, y he comenzado a hacer memoria…
Hoy de banda sonora: ‘Resiste’ (en vivo), de Interama
Día 8. Fortapt Durante tres minutos y veintinueve segundos, hoy, he sido perdidamente feliz. Feliz. Es lo malo de las canciones, que acaban. Sí, puedes rebobinar la cinta –no sé cómo se traduce ese ejercicio tan analógico a digital- y volverla a oír y sentir tropecientas veces más, pero ya no es lo mismo: los escalofríos, los vellitos de punta, la mente más allá, los deditos de los pies a ritmo… no es lo mismo. Sólo hay una primera vez. Y esa vez ha sido irrepetible. Mamá, gracias por no apuntarme a ese cursillo intensivo de noruego.
Hoy de banda sonora: ‘Fortapt’, (de la película ‘Mannen som elsket Yngve’) por Rolf Kristian Larsen
Día 7. Insert coin
Bajé hoy a tomar un café al bar de la esquina. Siempre hay un bar en la esquina. Me he levantado flojeras de la cama, sin fuerzas para oír la escandalosa cafetera. Por otro lado, quería ojear eldiario ‘by the face’ -mira qué moderno me ha salido-, y enterarme un poco de lo que pasa en el mundo de las agencias y gabinetes de prensa, manchándome los dedos de tinta, nada de clik clik clik. Y además, para ser sincero… me apetecía ver tetas y culos en tres dimensiones, no sé porqué… y la camarera debe tener de eso.
-Hola, ¿qué te pongo?
-(Mírale a los ojos, a los ojos, ¡pordios!…) Un café. Gracias.
-¿Café?
-(¡Sí café, café!, ¿qué pasa, no puedo tomarme un café a las tres de la tarde? ¿esto es una cafetería no?) Sí café. Con leche. En taza. Muy caliente. Gracias.
Dos o cuatro minutos después, ha vuelto con el café, y unas aceitunas, verdes. Con hueso. Me he puesto a comer aceitunas, mientras le daba vueltas y vueltas y vueltas al café, hasta marearlo. Lo mismo hago con mi vida… Y se me han quitado las ganas de café… ¡a las tres de la tarde! Tampoco he podido leer el periódico. Sólo tenían lavoz, y elmarca, y con ambos dos me salen sarpullidos. Y senos, senos… la camarera tenía más años que la madre de mi madre, y pellejo… Subí a mi casa y me volví a meter en la cama. Misión fallida. Game over.
Hoy de banda sonora: ‘Come pick me up’, de Ryan Adams
Día 6. wwwpuntotetasyculospuntocom Un amigo, el mismo de ayer, me ha escupido hoy que soy un cabronazo.
-Pero con todas las letras: c-a-b-r-o-n-a-s-o.
-¿Y gordo?
-Ni te imaginas el mosqueo que se cogió mi novia ayer por sms cuando ha encendido el ordenador y ha visto que has puesto lo de sus tetas y su culo en el Internet. Y luego por el msn, todo el rato asín :-\ y yo me he quedado asín :-X . ¿Tú estás enfermo?, tú estás salío. ¿No tenías otra cosa para rellenar? Que es mi piba, la futura madre de mis niños, un respeto… Que no quiero que los pajeros cibernéticos se toquen delante de mi Chari. ¿No te habrás tocado tú, no? Porfavor… Pero di algo, no te quedes callado…, mecagoen. Con la de mujeres que hay en el mundo, y tú, nada, mi novia, qué envidioso que eres, cacho cabr…
-… ¿Quieres la dirección de la página?
-Claro… oye, y ¿sale guapa?
-Ponte las gafas.
Hoy de banda sonora: ‘Algo’, de El robot bajo el agua
Día 5. Tetas y culos
Un amigo me ha dicho hoy que me estoy poniendo muuuy profundo.
-¿Que estoy más gordo?
-No. Profundo. Y gordo también.
-Y eso ¿es malo? ¿Tiene curación?
-Es que estamos en pleno mes de agosto, con la caló, y tú me sales con chorradas de perros cojos y de viajes a otra dimensión. No te va a leer ni el dios ese.
-…
-Escribe de cosas terrenales… La gente en agosto sólo quiere ver tetas y culos en la playa. Bueno, en agosto y en septiembre. Escribe sobre tetas y culos. Fijo te prorrogan la sección. Puedes llegar hasta navidades hablando de tetas y culos. Al pueblo hay que darle lo que quiere: carne, mucha carne.
-Tetas y culos…
-… mira mira mira mira, aquella, la piba, la del tanga verde… ¡Qué culo… qué tetas! Yo porque tengo novia, que si no le encargaba gemelos…
-Que si no… Sí, tiene buen culo y buenas tetas, tu novia.
-Eh cabrón, no hables así de mi novia… ni mirarla… ya se podría comprar cosas de su talla ¿no…? No la mires, no me mires… Anda, sigue, sigue escribiendo puntos suspensivos y haciéndote pajas mentales…
-Y tú ponte las gafas.
Hoy de banda sonora: ‘Don’, de Miranda!
Día 4. Estos días azules
Absorto frente al ventilador me pregunto ¿qué será de mí, sin mí?, ¿qué será de mi vida, sin la mía? Sospecho que algo tienen que ver las dos botellas de tinto de verano picapica que me acabo de tomar, y un poema de Machado, que ahora no soy capaz de encontrar entre mis libros y apuntes. Está en mi cabeza como una vaga idea, e incluso he llegado a sopesar que es fruto de mi nula imaginación. La cuestión es que un día de estos me iré, y aviso: paso de que el azar me lleve y decida por mí el cuándo. Mi osada cobardía pondrá la fecha. Me marcharé, ligero de equipaje… Y mi mundo ya no será mío, y no se detendrá. Vueltas y vueltas y vueltas… A la mañana siguiente se repetirán los atascos, seguirán vistiéndose camisetas sin mangas, se servirán cafés con leche a miles de funcionarios, y el pan será de hoy, hasta mañana. Me habré ido, y me quedarán tantas cosas por decir… no, no voy a llamar a ‘Hablar por hablar’. Odio las despedidas. Sin embargo, hay veces que un prematuro adiós, a tiempo, es lo suyo. Aunque queden cantidad de tintos con casera que compartir. Aunque queden cosas por gritar.
Hoy de banda sonora: ‘By this river’, de Brian Eno
Día 3. Me duele verte, me encanta verte Después de la insolación y del texto de ayer, más típico no lo hay, de insulso domingo de mes de agosto, no tengo ganas ni de merendar…Además, hoy he visto un perro atropellado, y también se me han quitado las ganas de ser perro. Bueno, nunca quise ser perro, ni vivir como un perro, ni mear ni chupar ni comer ni follar como un perro. Pero sí ser un poco perro. Soy demasiado bueno. Fíjate, he bajado a la tienda a comprar el pan, casi sin ladrar. De camino he visto un perro atropellado. Me ha venido a la cabeza ‘Amor on’, de Coiffeur, y he corrido a buscar el videoclip en el youtube, casi con la lengua fuera. Estoy jodido, no por el perro, para nada. Jodido por Coiffeur. Es la hostia. Yo, que no paso del Himno de la Alegría con la flauta, quiero tocar la guitarra y componer temas así. Y le dedicaría una linda canción al perro de las vísceras por fuera, una canción que acabaría resucitándolo, seguro, aunque tendría que ser un temazo, porque al animalillo está bien aplastado, cerca de las dos dimensiones, le han pasado mínimo tres autobuses por encima. Qué mal, morir sin escucharme tocar la guitarra. Morir sin ser consciente de la muerte… coño, se me ha olvidado subir el pan.
Hoy de banda sonora: ‘Amor On’, de Coiffeur
Día 2. La cerveza, la fanta, la cocacola
Que ¿por qué paso mis vacaciones en Cádiz? Vaya, qué pregunta. Esto es la vida real, no una serie de la tele, con desayunos en familia y leche puleva bien visible. Habrá algún que otro funcionario a quien le sobre el sueldo o algún parado al que le ponga entramparse para darse una paliza de viaje con la suegra, y al final visitar otras playas, y terminar echando de menos las coñetas de La Caleta o los conciertos gratis total de La Victoria. Yo no. Yo me quedo en mi Santa María del Mar, sí…, pero en la parte donde no abundan las jodidas piedrecitas. Porque no hay nada más irritante que querer dar un paseo de relax por la orilla -para lucir cuerpo danone… bueno, lo dejamos en mercadona, que los yugú también están muy ricos- y tener que andar estresado pendiente de esquivar obstáculos. Al final acabas pinchándote el pie derecho con ese pedruzco y aquella conchita; y por supuesto, de camino al botiquín, achicharrándote las plantas con la fina y dorada arena seca. Y que encima haga levante, ofú, terminas empanao en arena, hasta en el carné de identidad. Y con una amenazante sombrilla sobrevolando a un palmo de tu cabeza. Esos días lo mejor es no salir del agua, aunque claro, hay que entrar en la mar, y mientras no te tapa más allá de las rodillas, de lujo, pero cuando las olas empiezan a encabronarse y a mojarte partes sensibles, te preguntas muchas cosas, y te acuerdas de la familia del chinorri que acaba de zabullirse a un metro de ti… ¡tu padre, qué me va a dar un corte de digestión…! Y para colmo, jugando tres minutos una pachanga –un rato más y te da un yuyu-, te pegan un pelotaso en la cara y se te cuela más arena en el ojo izquierdo, que en el susodicho DNI; viene un municipal cabrón y te requisa la pelotita; de vuelta a casa te pisan una chancla cruzando por donde no debes en la avenida y ahí vas, medio descalzo, cojeando; encima con el bañador mojado y el roce comienzas a notar ese escocimiento en la entrepierna…; y ya en el hogar dulce hogar, cuando abres el portón y te ves reflejado en el espejo de la entradita, con ese color gamba recocida… ¡Cómo me gusta mi playita de las mujeres!, la mejor, pero de lejos… Vamos, que este verano ya estoy servido. Y encima apesto a vinagre: ¿por qué le haré caso a mi madre?
Hoy de banda sonora: ‘En noches como la de hoy’, de La casa azul
Día 1. Y un pepino… No soporto las historias contadas en primera persona, las camisetas sin mangas, y las situaciones melodramáticas. Odio muchas cosas, muchas, diría que más incluso…, pero el ‘yo’, los pelos de las axilas -¡qué palabro más cursi!- y la lágrima fácil y contagiosa, pueden conmigo. Me dije una y otra vez desde enano que nunca escribiría nada mezclando estos tres ingredientes. Nunca. Ni siquiera en un gazpacho… pero el gazpacho lo admite casi todo, y ahí está el pepino para darme la razón.
Relatar mi gazpacho mental, digo, mis vacaciones en 31 parrafadas, hasta finales de agosto, no creo que sea ni complicado ni fácil, ni original, ni mucho menos apasionante, ni para ti, curioso lector, ni para tí, mamá. ¿Entonces… qué hago aquí?: es la pregunta que nos hacemos todos alguna vez en la vida… Esto de escribir por escribir me lo ha propuesto algún jefazo en este bendito periódico –vendiéndomelo como ‘una sección fresquita’- y como no tengo ni aire acondicionado ni sé decir que no –me odio por ello- pues… este será el agosto más transparente de mi vida. ¿Que si cobro por esto? Ah, ¿pero estas cosas se pagan?... Ahora vuelvo, que tengo que hacer una llamada…
PD: Nietzsche, sí, el filósofo con hasta foto en los libros de COU, sentenció que “sin música la vida sería un error”. No comparto la idea –vamos, la vida es un error sí o sí-, pero me aprovecho de ella. Cada jornada ambientaremos estos íntimos y tórridos minutos entre tú y yo, con su banda sonora y todo, de la buena, aunque rescatada del socorrido youtube –siento la calidad-. Esperemos que la SGAE se porte y no pase el cepillo.
Hoy de banda sonora: ‘Mar el poder del mar’, de Facto Delafé y Las Flores Azules