Número 1923 - Año VIII - Sábado 04 de Febrero de 2012
   
 
 
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29/06/2009. Antonio López Hidalgo (Periodista y Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla) lopezhidalgo@us.es

ANTONIO LÓPEZ HIDALGONo te quedes atrás cuando todos crucen la meta y alcen los brazos en señal de victoria y éxito, no disimules  tu incomodidad cuando todos rían el humor triste de los vencedores, de aquellos a quienes la vida les ofreció la titularidad de un patrimonio difícil de calcular en una sola noche, no huyas por las esquinas por miedo a que te reconozcan los vecinos a los que nunca saludaste, porque la vida se parece demasiado una a otra para que la troceemos como si fuera un queso curado. No se pueden redistribuir equitativamente los momentos que le robamos a la madrugada, cuando todos dormían inconscientes de que los días no ofrecen otra oportunidad y que la lluvia golpea los cristales sin compasión cuando el corazón se nos cae deshecho al pavimento justo cuando alguien cruza por el lugar  y lo pisa sin percatarse de que te ha robado la vida sin intenciones. Cuando te recuerdo, busco en la noche otros ojos iguales a los tuyos pero nada se parece a la felicidad cuando te la has bebido en varios sorbos. Tiempo habrá para otra botella, por supuesto, pero nunca es igual.

Aquí todos duermen como si la vida se hubiera apagado de golpe y en la oscuridad de los dormitorios la respiración profunda de estos seres humanos me recuerda la brevedad de la vida, los días que se disipan como un fósforo en la noche y dejan un olor a carne quemada que me inquieta. Las avenidas tienen un color metálico desde la ventana y en las aceras observo a hombres exhaustos que caminan esquivando las farolas y los bancos que ornamentan las calles con una elegancia austera de habitación vacía. A esta hora los aeropuertos visten un silencio cansino que me asfixia y en los equipajes de cada pasajero adivino una vida resumida en libretas, documentos, teléfonos móviles, agendas que conservan las direcciones que ya no usan y en esos domicilios que ya no recuerdan se adormecen los recuerdos y los olvidos que se les desgajaron de su propia existencia, como si fueran claves secretas que nadie logrará traducir y nombres indescifrables que no significan nada y números que ni tan siquiera conducen a ninguna parte.

Cuando los observo extraviados en vidas de alquiler que ya no les pertenecen, recuerdo los días que vivimos pegados uno al otro como si el futuro sólo fuera una posibilidad remota ajena a nosotros, y mientras busco en mi interior una razón que concuerde con tu ausencia, que justifique la distancia que se abrió entre nosotros, sé que no es posible vivir sin tu sombra de mujer turbadora. Sólo sé que cruzo las calles como quien se inventa a sí mismo a cada instante y que en esa resurrección sin sentido que me permite sobrevivir a la desesperación de haberte perdido, escribo tu nombre en las paredes, en los libros, en el baño, en el buzón, por miedo a olvidarlo, por miedo a que alguien lo robe o lo coja en un descuido y lo deje olvidado en un restaurante o en una estación de ferrocarril donde nadie es dueño de una estancia que se prolongue en el tiempo, y yo vivo con esa misma sensación que dejan los trenes a su paso, esa sensación de interinidad, de objeto inútil sin mueble donde encontrar acomodo, porque no hay lugar para los hombres solos, para los seres errantes que nos buscamos sin saber que en tu mirada está el mapa para poder acceder a tu cuerpo, ese lugar donde siempre he querido regresar desde que te conocí, y ahora que te has ido no sé cómo se pronunciar tu nombre para decirte que no es posible la vida lejos de tus hombros, fuera de casa ahora que llovizna por las tardes, y el frío se vuelve denso como manos cerradas.

Sé que volverás porque no es posible dormir cuando todos duermen, construir el futuro cuando no hay razones funcionales que me hagan pensar que lejos de ti la vida tiene otras posibilidades que ya no quiero. Hoy he marcado un número que no sé si es el de tu teléfono, porque ya escuchar cualquier voz me reconforta con la posibilidad mínima de que un día acierte por puro azar. DIARIO Bahía de Cádiz Antonio López Hidalgo

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