07/11/2011. Francisco Mesa
De vez en cuando, suelo leer alguna noticia sobre ciencia y tecnología que los periódicos publican utilizando los pequeños recuadros sobrantes que les quedan en sus páginas. Es una costumbre de leer lo que no debo, que intento corregir pero que no consigo evitar. Me comporto como un ingenuo diletante. Por norma, el público no compra el periódico para que les cuenten los últimos avances en bioquímica, ni la conmoción que ha supuesto el experimento del CERN con neutrinos, por muy excitante que les parezca a la comunidad científica. Claro que los maestros tienen la culpa de la falta de interés general por la ciencia y la tecnología, … como siempre. O la tienen los mismos científicos y tecnólogos, que desde que se inventaron eso de que el hombre ha pisado la luna, dicen ellos, ya nadie les cree ni les hace caso. Como para hacérselo, porque también en la vida científica se descubren muchos casos de engaños. Vivir para ver.
Hace unos días se conoció un nuevo fraude científico. Durante años, Diederik Stapel, psicólogo social de renombre, se inventó datos para que los resultados de sus publicaciones coincidiesen con sus hipótesis científicas. El asunto no tiene desperdicio. Que Diederik Stapel sea famoso, ni lo pongo en duda; hace tiempo que dejé de ver programas del tipo La Noria. Ahora me entero también que existe una rama del saber que se llama sicología social (¡Dios mío!, ¿un nuevo grado del plan Bolonia?) y que existen revistas de renombre internacional que publican lo que le echen. Total, ¿alguien las lee? Pero lo más llamativo es el núcleo de la propia noticia del fraude, el escándalo porque el sociosicólogo Stapel se haya inventado unos datos para publicarlos como verdaderos. ¿Eso es escandaloso? ¿Se han leído alguna vez la contabilidad del ayuntamiento de San Fernando?
Yo creo que el denostado Diederik ha realizado un excelente trabajo científico, un espléndido ejemplo de intervención paradójica. Stapel ha demostrado que socialmente lo primordial es la forma, no el fondo; la forma es muy importante, incluso para el selecto grupo de quienes proclaman practicar el rigor científico absoluto. Confieso que desde que un colega me ilustró sobre las intervenciones paradójicas, todo lo veo ahora desde ese prisma. Asunto que leo, asunto que analizo como intervención paradójica. Es como hablar con mi mujer; si quiero salir al campo durante el siguiente fin de semana, le digo que en esos días tengo que terminar un trabajo urgente. Paradójicamente, se interesa por mi salud, me recita noteconvieneencerrartesiempreencasa, y me propone una apasionante ruta por los pinares de la Bahía. Lo que demuestra que la sociosicología viene de antiguo.
Mi colega me aclara (¡ahora, después de desvelar asuntos privados!) que la intervención paradójica es una técnica de conducta que busca el efecto sorpresa, que la propuesta sea novedosa y que tiene como objetivo producir el efecto contrario. ¡Ah, vale!, lo entiendo.
O sea, que el caso más claro y cercano de intervención paradójica se ha producido estos días en mi querida ciudad. ¿Qué haríamos usted o yo, homo vulgaris, para corregir el déficit presupuestario, arreglar las cuentas del municipio? Pues proponer un ajuste presupuestario, reducir plantilla, cerrar unidades que sirven para bien poco, o para nada. No sé, haríamos como con nuestra familia. Con la crisis hemos redescubierto el placer de comer en casa la tortilla de patatas y el potajito con pringá, después de unos años de investigación gastronómica por la ciudad.
Pues no, mi excelsa corporación municipal ha acordado casi al unísono (sólo una abstención) que nazca una nueva unidad organizativa denominada pomposamente Oficina de Contratación y Gestión de Compras, que requerirá la contratación de nuevo personal, entre ellos un viceinterventor. A ver si lo entiendo: estamos en crisis, no hay dinero, se debe el aullido del lobo, todos los candidatos prometieron medidas de austeridad. ¿A qué viene esto? Si el año pasado algunos votaron en contra de crear la figura del viceinterventor, léase PP y PSOE, ¿porqué ahora es necesario para nuestro municipio? Digo yo que esto debe ser también intervención paradójica. Escuchemos a nuestros representantes:
- Sr. Romero (PA): “El año pasado quisimos crear la figura del viceinterventor pero no tuvimos el suficiente apoyo político”
Es cierto, por tanto el voto afirmativo de su grupo es coherente en relación con la plaza de viceinterventor, pero ¿qué opina de la reorganización y del aumento de personal?
- Sr. Reyes (IU): “Me abstengo porque la plaza no cuenta con el visto bueno de los colectivos sindicales”
O sea, que no se opone a que las demás plazas se creen (un nuevo jefe de servicio y nuevos administrativos).
- Sr. López Gil (PSOE): “Primero, que se termine la reorganización del Ayuntamiento, y luego creamos las plazas que hagan falta”
Entonces, ¿por qué razón vota que sí?
- Sr. Raposo (PP): “Es una medida que se toma como herramienta para la austeridad, el ahorro y el control del gasto”
Todo muy bonito, pero ¿cuánto se va a ahorrar?, ¿se ha cuantificado? Grosso modo, la medida que han aprobado supone aproximadamente un gasto adicional de 250.000 € cada año para el municipio, sin contar alquileres ni mobiliario adicional que no sé si habría que contarlo. Díganos Sr. Raposo, ¿cuánto dinero se pensaba ahorrar “centralizando las compras, y elaborando una estadística de los materiales”? Ya digo, parece un caso de intervención paradójica. Para fomentar el ahorro, gastemos más en intervenciones.
Desde las últimas elecciones municipales, hemos tenido un verano sin sobresaltos. Mientras estaban de vacaciones nuestros munícipes, todo iba sobre ruedas. El alcalde estaba en lo suyo, o sea en la Diputación; los concejales en lo suyo, o sea en nada y nosotros a lo nuestro, o sea en pagar y callar, como siempre. Todo iba viento en popa, plácidamente, sin sobresaltos. Pero a nuestros concejales les ha dado por “ejercer”, ya me parecía a mí que tanta felicidad iba a durar poco.
No hagan nada, por favor. No tienen que justificar su sueldo. Paradójicamente, les pagamos para que nos dejen tranquilos. DIARIO Bahía de Cádiz Francisco Mesa
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